Que el ser humano es un animal social a estas alturas es algo indiscutible. Sí, unos más sociales que otros, pero todos crecemos y aprendemos a vivir en sociedad. Esto hace que asimilemos que si nos rodeamos de personas que nos quieren y apoyan, nuestra vida será más fácil, más rica y más placentera. ¡Y es algo que interiorizamos desde muy pequeños! Desde la carita de pena o de simpatía para conseguir que nos compren chuches o no nos castiguen, hasta lo fácil o difícil que será que nos dejen salir si enfadamos a nuestros padres esa tarde.

Saber manejar adecuadamente las relaciones sociales y las habilidades de comunicación es algo muy adaptativo y es un gran predictor de éxito en distintas parcelas vitales. Hasta aquí todo normal. Pero… ¿qué pasa cuando esa necesidad de gustar empieza a ser nuestro motor principal? Cuando necesito caer bien, que me quieran o no decepcionar en ninguna circunstancia nos acercamos a un punto peligroso: que la opinión de los demás cuente más que mi propia opinión de mí mismo/a.

¿Me gusto cuando me comporto de esta forma?

Rara vez nos enseñan a preguntarnos este tipo de cosas. Frases como “¡qué niño/a más bueno/a… no da ni un ruido!” o “a los amigos hay que prestarles tus juguetes” no son un problema en sí mismo. Es importante que aprendamos a respetar el espacio y los tiempos de los demás, no siempre podemos hacer lo que queremos y gestionar nuestra frustración debería ser parte de nuestro desarrollo (otro día hablaremos de la tolerancia a la frustración). Como decía, esa parte de la educación no es un problema si no excluye la otra cara de la moneda: TU OPINIÓN ES, AL MENOS, TAN IMPORTANTE COMO LA DE LOS DEMÁS. Puedes compartir tus cosas, pero también puedes defender tus cosas, porque son tuyas.

Puedes cambiar porque quieras ser mejor, porque pienses que lo necesitas, pero no para que te quieran… nunca te conviertas en alguien que no quieres ser sólo porque sea lo que otro espera de ti, porque dejarás de gustarte a ti mismo.

Hay una frase que repito con cierta frecuencia, dentro y fuera de la consulta: “Si hay alguien con quien vas a acostarte y levantarte todos los días de tu vida… ¡es contigo mismo!”. Así que más vale aprender a llevarse bien con uno, a valorar mis virtudes y aceptar mis defectos, tratando de mejorar cada día pero sin olvidar que no soy menos valioso por no ser perfecto… Es maravilloso cuando uno acepta que es un ser imperfecto, que no tiene que gustar a todo el mundo y que no pasa nada…

De pronto uno se siente mucho más libre y, paradójicamente, esto puede ayudar a mejorar nuestras relaciones personales, que ganan en espontaneidad, en libertad y aceptación. Que nos guste gustar entra dentro de lo normal, que mi autoestima dependa de que me valoren y acepten es fuente de angustia, inseguridad y frustración. Nuestra compañera Pilar ya nos dio algunos consejos para mejorar la autoestima.

Una vez más… ¿ES ESTO LO QUE QUIERO PARA MÍ? Para trabajar en acercarnos cada vez un poco más a un “yo” con el que me sienta cómodo, te propongo algunos pasos básicos que pueden ayudarte a ir avanzando:

1. Pregúntate ¿Qué quiero yo?

Puede parecer una obviedad, pero ¿cuántas veces decimos que sí a algo que no queremos sólo por inercia o porque es lo que esperan de nosotros? ¿Cuántas veces te has descubierto contando más de lo que querías, o dando explicaciones innecesarias, sólo por no saber poner límites a las preguntas de los demás o simplemente no soportar los silencios?

Preguntarme qué quiero es el primer paso de todos. Es posible que luego no siempre sea capaz de decir que no, pero al menos sabré lo que quiero y pienso y, en algún momento, empezaré a defenderlo. Es el inicio del camino. Nuestra compañera Almudena nos dio algunas pautas para aprender a decir NO.

2. Haz cada día algo por ti y para ti

Con frecuencia nos “damos por hecho”, nos cuesta encontrar un momento para nosotros porque el día a día llena cada uno de los huecos de mi agenda. Esto seguirá siendo así hasta que no me incluya entre mis prioridades. No hace falta que sea algo extraordinario ni que requiera mucho tiempo ni recursos, basta con saber que cada día habrá algo que hago por mí y para mí.

3. Desafía tu sentido del ridículo

Identifica todas esas cosas que no haces por lo que piensen los demás, porque te da vergüenza o porque no es lo que se espera de ti. Obsérvate durante unos días y verás que hay más de lo que en un primer momento pensamos. Y cuando te descubras pensando “¿cómo voy a…? ¡qué vergüenza!”… ¡hazlo! Como un juego, como un desafío a ti mismo, como quieras, pero hazlo. Verás que el mundo sigue girando, que seguramente tú le das más importancia que los demás, que no era para tanto.

4. Expresa tus opiniones, sentimientos y necesidades

¿Qué es lo peor que puede pasar? Que no estén de acuerdo, que no te entiendan, que genere un debate y descubras que tenías razón o que estabas equivocado…  ¡que vivas!

5. Toma decisiones

Sin encuestas a todos los que te rodean. Decide. Avanza. Aprende de tus errores y sigue adelante.

Y recuerda: SER IMPERFECTO ES UNO DE LOS COSTES DE SER HUMANO… Y ESO TAMBIÉN ES MARAVILLOSO.

Terapia: Mejorar la Autoestima

Directora del centro
Psicóloga Colegiada: AN-05353

  • Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria.
  • Master en Terapia de Conducta UNED. Tutora de prácticas de dicho Master.
  • Certificado EUROPSY Especialista en Psicoterapia.

Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en Estrés, Trastorno Obsesivo-Compulsivo, Trastornos de Personalidad (especialmente TLP), Síndrome de Asperger y Trastornos Adaptativos.
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