Desde hace ya más de tres décadas, la psicóloga social Cristina Maslach estudiaba un síndrome que se caracterizaba por el agotamiento emocional, la despersonalización y la baja realización personal. Además, observó que esto sucedía con mayor frecuencia en aquellos profesionales que se encontraban en contacto directo con otras personas. A este cuadro de síntomas se le dio el nombre de síndrome de Burnout.

Según la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo, uno de cada cuatro profesionales europeos sufre este “síndrome de burnout”, y además se conoce que esta cifra va en aumento.

Causas del “síndrome de burnout”

Para analizar las causas del síndrome de burnout es necesario analizar cómo transucurre el día a día de la sociedad en la que vivimos. Si echamos un vistazo rápido a nuestra rutina diaria, posiblemente observemos que desde el mismo momento en el que suena el despertador aparece, de manera casi automática, la extraña sensación de urgencia.  Nos aseamos y vestimos buscando la eficacia y buenos resultados de manera rápida, nos tomamos el café a la vez que recogemos algún trasto que nos encontramos por la casa, entramos en el coche, apretamos el acelerador, y nos agobiamos cuando llegamos a un semáforo en rojo… y es que parece que el cartel de “urgente” estuviera en todas partes, en todas y cada una de nuestras acciones.

En la actualidad existen multitud de factores que incrementan esta sensación, favoreciendo así la aparición del estrés. Entre ellos se encuentran la falta de tiempo para finalizar las actividades, asumir demasiadas responsabilidades, los constantes cambios dentro de las empresas, la incertidumbre que genera la inestabilidad laboral, estar en situación de paro, percibir bajos ingresos económicos, escaso tiempo para el ocio… Son los llamados factores psicosociales.

Estas circunstancias presentan un punto en común: cada una de ellas podría ser o no estresante, en función de la evaluación que una persona haga de éstas. Es decir,  una persona se sentirá y actuará en función de la valoración que realice sobre una situación concreta.

Al hablar de estrés, hacemos referencia a las respuesta que da un organismo cuando percibe que la demanda que le llega es  superior a los recursos que tiene para hacerle frente. Por tanto, todo va a depender del punto de vista con el que lo interpretemos.

El síndrome del burnout o síndrome de “estar quemado” es la respuesta que desarrolla una persona ante una situación de estrés laboral que se dilata en el tiempo, por tanto se considera un síndrome de carácter crónico. A nivel estadístico existe una mayor incidencia en profesiones sanitarias, en el sector educativo y en las relacionadas con la administración pública.

La situación socioeconómica actual parece obstaculizar el adecuado funcionamiento en algunos centros de trabajo, pues para los trabajadores resulta complicado responder efectivamente ante una demanda cuando no se dispone de los recursos necesarios para ello. Precisamente, es esta diferencia entre nuestras expectativas laborales y los resultados reales, una de las causas que se relacionan con la aparición del síndrome de Burnout.

Consecuencias del síndrome de burnout

Las consecuencias del síndrome de burnout son variadas, afectan al profesional tanto a nivel físico como a nivel psicológico. Si se tiene en cuenta que la persona a nivel general siente un elevado malestar, parece evidente que existirá un decremento de su rendimiento, además de una mayor tasa de absentismo laboral, lo que supondrá un deterioro para la organización. Trabajar para vencer el estrés negativo y el burnout es tan posible como necesario.

¿Cómo prevenir el síndrome de burnout en el trabajo?

En este sentido, la labor de la empresa consiste en emplear las estrategias correctas para prevenir el síndrome de burnout, eliminarlo o reducirlo. La aplicación de estas medidas se llevará a cabo en colaboración con los trabajadores. Los datos señalados se reflejan en el Acuerdo Marco Comunitario de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL). Además,  añade una segunda responsabilidad a la empresa pues es la que, según expone esta ley, debe poner en marcha la “acción específica” que mejor se adecue al problema de estrés laboral que presente el trabajador.

La empresa debe supervisar a nivel organizacional la implantación de medidas preventivas colectivas, si bien en determinados casos, cuando el malestar está ya instaurado y el individuo afectado, la terapia psicológica se hace necesaria para restaurar el daño causado. A nivel individual, la terapia se adapta a las características que presenta cada persona para resultar lo más eficaz posible. Durante el proceso terapéutico, se emplean distintas estrategias de afrontamiento mediante las que la persona fortalecerá su nivel de seguridad y autoestima, facilitando así  la resolución de situaciones difíciles o de carácter estresante.

Tomar conciencia de cómo me siento en las distintas áreas de la vida facilita el cambio y es que, como señala el escritor norteamericano Alvin Toffler, “El cambio es el proceso por el cual el futuro invade nuestras vidas”.

 

 

 

Psicóloga Colegiada: AN-06619

  • Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria
  • Master en Terapia de Conducta UNED
  • Experto universitario en Atención a Cuidadores de Personas Dependientes
  • Psicóloga Asociación Corazón y Vida

Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en Autoprotección emocional, Psicología de la Salud, Atención al cuidador y Duelo.
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