Hoy hablaremos sobre alimentos y emociones, es decir, cómo influye lo que como en mis emociones. En un post anterior ¿Ansiedad por comer o comer por ansiedad?  vimos cómo las emociones negativas –ya sea por un estado anímico bajo o por ansiedad- repercuten en la forma en la que nos alimentamos y cómo combatir la ingesta desmesurada cuando nos encontramos mal. Ahora, nos detendremos más en el efecto que tiene nuestra alimentación en el organismo, y más concretamente en nuestro cerebro.

Nuestra alimentación afecta a nuestro organismo y también tiene consecuencias emocionales

Limita las grasas saturadas y trans potenciando la ingesta de grasas saludables

La repostería industrial, mantequillas, nata, aperitivos fritos, chips, chocolate, embutido… todos estos alimentos son ricos en grasas insaturadas y un consumo excesivo puede llegar a dañar la memoria a largo plazo e incluso aumenta las probabilidades de sufrir enfermedades como el alzheimer1. A esto tenemos que sumarle las consecuencias que tiene en nuestro organismo a nivel físico, por el aumento de colesterol (LDL) en sangre y por tanto el mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad… 

Pero también, estos alimentos afectan a las emociones,  ya que pueden intensificar estados de ánimo negativos como la ansiedad o la depresión, como describe un equipo de investigadores de las universidades de Navarra y las Palmas (Sánchez-Villegas et al., 2011). Estos mismos investigadores ratificaron que la ingesta de grasas saludables vegetales como el aceite de oliva (monosaturada) y de las grasas del pescado, tienen efectos beneficiosos para nuestro estado de ánimo, reduciendo la probabilidad de padecer síntomas asociados a enfermedades de la salud mental como la depresión o la ansiedad crónica. 

Evita abusar del café, té, refrescos con cafeína o guaraná

Estas sustancias son excitantes con efecto directo sobre nuestro sistema nervioso y, por tanto, al incrementar la activación del organismo, también aumentan los niveles de ansiedad si están ya están presentes.

¡Cuidado con los azúcares!

Hay que intentar reducir el nivel de azúcares refinados, ya que estos tienen un gran poder adictivo y aumentan la ansiedad, tanto por consumirlos como por su falta si hemos tenido un uso habitual y lo eliminamos drásticamente… sería algo muy parecido al síndrome de abstinencia.

Además, en cantidades excesivas puede afectar a nuestra capacidad para aprender y para retener contenidos, es decir, a la memoria, ya que obstaculiza el funcionamiento de nuestras células cerebrales impidiendo que estas almacenen de manera correcta la energía necesaria para el funcionamiento del cerebro.

La sal tampoco es buena si se toma en exceso

Al igual que el exceso de azúcar daña el cerebro, el exceso de sal también. Consumir más de un gramo de sal al día puede hacer que nuestros niveles de potasio disminuyan y el potasio es fundamental para el mantenimiento de las células cerebrales así como para la creación de nuevas conexiones cerebrales. Además, su efecto en la tensión arterial influye directamente en nuestro sistema cardiovascular.

Los aditivos, algo que evitar a toda costa

Los aditivos, potenciadores del sabor como el glutamato monosódico, también conocido como GMS, y otros alimentos de composición artificial afectan mucho a nuestro organismo, ya que son difíciles de procesar para él llegando a producir dolores de cabeza, fatiga, ansiedad y una ralentización del sistema nervioso. Algunos de ellos pueden llegar a crear, como pasaba en el caso del azúcar refinado, adicción a su consumo.

Alimentos y emociones

Y hablando de alimentos y emociones, a continuación os facilitamos una lista de aquellos alimentos que pueden ayudar a nuestro cerebro y por tanto a nuestras emociones y nuestro mejor rendimiento cognitivo.

  • Lácteos bajos en grasas (no se trata de comer solo desnatados pero si priorizar, por ejemplo, quesos frescos o curados).
  • El huevo.
  • Las carnes preferiblemente blancas, ya que son altas en proteínas.
  • Cereales integrales, patatas y legumbres, ya que son ricos en hidratos de carbono, lo cual proporcionará a nuestro cerebro toda la energía que necesita.
  • Frutas y verduras que, como fuente de vitaminas y minerales, favorecen la absorción del triptófano que hace que generemos serotonina y por tanto que nuestro estado de ánimo sea más favorable.
  • Grasas saludables procedentes de frutos secos sin freír (naturales o tostados), infusiones sin teína, pescado (sobre todo azul) y aceites vegetales ricos en omega 3.
  • Agua, mucha agua, ya que sin la correcta hidratación nuestro organismo no puede funcionar correctamente y habrá por tanto déficit en el transporte de oxígeno y nutrientes.

 

Referencias bibliográficas: 

1 González Rodríguez, L. G., Palmeros Exsome, C., González Martínez, M. T., Pérez Ávila, M. D. L. L., & Gutiérrez López, M. (2016). Factores dietéticos y nutricionales en la prevención de la enfermedad de Alzheimer. Revista Salud Pública y Nutrición15(1), 27-37. 

2Sánchez-Villegas, A., Verberne, L., De Irala, J., Ruíz-Canela, M., Toledo, E., Serra-Majem, L., & Martínez-González, M. A. (2011). Dietary fat intake and the risk of depression: the SUN Project. PloS one6(1), e16268.

 

 

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