Piensa por unos segundos ¿qué significa ‘vivir’? Para, respira… ¿lo tienes?, ¿Cómo quieres vivir tu vida?

Si partimos de una definición estrictamente académica sabemos que el verbo vivir se define como ‘tener vida’ o ‘durar con vida’. Hasta aquí todos podemos estar de acuerdo, una definición sencilla y objetivamente realista, vives si tienes vida, punto. Las plantas viven, los microrganismos viven, las amebas viven, los pájaros viven y los seres humanos vivimos, ¿cierto? Pero  hagamos una pausa, ¿qué nos diferencia a los seres humanos de los demás seres vivos? Entre otras cosas, nuestra capacidad de realizar razonamientos más complejos y llegar al pensamiento.

¿Estoy donde quiero estar?

El pensamiento es un don tan extraordinariamente mágico como complejo, producido por millones de conexiones neuronales que forman parte de nuestro cerebro. Una máquina perfecta que bien empleada nos puede llevar todo lo lejos que queramos. Entonces, hagamos uso de esta capacidad y reformulemos nuestra pregunta: ¿Qué significa para mí vivir?, ¿cómo quiero vivir mi vida?, ¿estoy donde quiero estar o estoy donde me han llevado los demás, las circunstancias, el viento…?

Independientemente de nuestras creencias espirituales, lo único que podemos saber a ciencia cierta es que cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo cuenta, la vida es como ese reloj de arena que no deja de caer hasta que finalmente se agota. Puede llegar a pasar más rápida de lo que percibimos, puede que haya momentos en los que sientas que el tiempo no pasa, que cada día es como el anterior, momentos en los que desees desaparecer por no encontrar un motivo para vivir.

Para, respira… reflexiona

Aunque ahora no lo veas, siempre hay un motivo para continuar, estamos en el mundo por alguna razón, recibimos el regalo de la vida y del pensamiento, solo tienes que descubrir el para qué de tu existencia.

En ocasiones nuestra mente nos juega malas pasadas, la manera en la que pensamos e interpretamos nuestro mundo puede llevarnos a sentirnos la persona más desdichada, desafortunada y carente que existe en la tierra. Por muy oscuro que veamos todo, si nos esforzamos, si empleamos bien nuestra capacidad de razonar, si realmente queremos, podremos encontrar ese rayito de luz que comience a deshacer la oscuridad.

En nuestro día a día hay numerosos elementos que pueden convertirse en nuestros rayos de alegría, satisfacción, esperanza, calma… luz. Estos pueden ser variados y presentarse de diferentes formas, pueden parecer tan simples y cotidianos que nos pasan desapercibidos. Los que forman parte de este género son los mejores, siempre van a estar ahí sólo si tú quieres verlos.  Abre los ojos, sal hacia fuera, eres como esa marioneta que está doblada hacia su interior, ¿qué ves desde esa posición?… Oscuridad. Mira al exterior, límpiate las gafas, esas que no te dejan ver la luz del día.

Para, respira… observa

¿Qué ves, qué sientes? Hay quien es capaz de disfrutar de una suave brisa, de un paseo por una de las calles más bonita de la ciudad, de un abrazo o de una simple sonrisa. Otros valoran uno ‘buenos días’, un ‘gracias’ o una llamada de alguien que se acuerda de que existes.

Ser plenamente consciente de que respiro, de que mi corazón late, de que a mi alrededor hay personas que disfrutan de sus momentos, de que podemos compartirlos con ellos, ser consciente de que puedo tomar decisiones por mí mismo, que puedo elegir sin miedo y que debo tomar las riendas de mi vida. Todos estos y muchos otros pueden convertirse en nuestros rayitos diarios si elegimos que así sea. Si somos capaces de verlos, iremos iluminando nuestro camino, y poco a poco, muy lentamente, con calma y paso firme, encontraremos nuestra motivación y nuestro para qué en la vida.

La vida no es lineal, no es un camino recto sin baches, la vida es todo lo contrario, está llena de curvas, de cuestas hacia arriba y de pendientes hacia abajo, de caminos pedregosos y de arenas movedizas. La vida es así, es dura a veces pero otras puede ser maravillosa, en ocasiones nos depara sorpresas que jamás hubiéramos imaginado, momentos únicos por los que habrá merecido la pena tener ampollas tras haber caminado por los senderos más inhóspitos.

Pero la vida no se vive de verdad si no tomamos decisiones y las llevamos a cabo, si nos quedamos en casa esperando a que salga el sol o a que alguien venga a darnos un abrazo. Seamos nosotros quienes nos calcemos unas botas de colores en un día nublado y quienes repartamos abrazos por el mundo, tomemos la iniciativa y vivamos lo que queremos vivir.

¿Estás donde quieres estar? Habrá cosas en la vida que hayas aplazado e incluso abandonado, actividades que te hacían sentir bien pero dejaste de realizar. Posiblemente fueron fuerzas mayores, posiblemente fue un cambio en tus prioridades, posiblemente pasaste a ser el último de tu lista, posiblemente ya no tenía importancia, no merecía la pena, posiblemente te acomodaste a que la vida pasara.

Para, respira… actúa

Deja de contemplar como los días empiezan y acaban, como cada hora, cada minuto y cada segundo se evapora sin que tú hagas lo que realmente quieres hacer. Haz una lista de cosas pendientes, de experiencias que en otra época de tu vida quisiste vivir, no siempre fuiste así, no siempre te encontraste perdido, desmotivado. Nunca es tarde para:

  • Sal de tu acomodamiento
  • Comienza a quererte y a cuidarte
  • Mímate
  • Realiza esa lista de actividades
  • Retoma todo aquello que un día fue importante para ti
  • Observa con todos los sentidos, siente con todas las partes de tu cuerpo, busca esos rayos de luz todos los días.

Para, respira…comienza a vivir

Abre una nueva página de la historia de tu vida y empieza a escribir un nuevo capítulo, el pasado es pasado, ya nada más podemos hacer, en tus manos está tu presente, no lo menosprecies, es un regalo, no te dediques solo a respirar para sobrevivir, respira para sentirte vivo, respira para ser consciente de tu vida, respira porque sólo respirando podrás pararte, observar, pensar y decidir cómo quieres que sea este nuevo capítulo de tu vida.

Para… respira… observa… piensa… actúa… ¡VIVE!

Psicóloga Colegiada: AN-06619

  • Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria
  • Master en Terapia de Conducta UNED
  • Experto universitario en Atención a Cuidadores de Personas Dependientes
  • Psicóloga Asociación Corazón y Vida

Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en Autoprotección emocional, Psicología de la Salud, Atención al cuidador y Duelo.
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