¿Por qué me enfado tan fácilmente? ¿Puedo controlar mi irritabilidad? Es posible que últimamente te hayas planteado esta cuestión o incluso que lleves una época notando que te enfadas con demasiada frecuencia, que todo te irrita y saltas a la mínima. Es posible que, de hecho, no lo hayas notado tú, sino aquellos que te rodean, esos con los que convives y empiezan a decirte frases como: «¡últimamente estás que no hay quien hable contigo!», «¡es que no te aguantas ni tú!». ¿Y sabes lo peor? Que tienen razón y lo sabes. Pero eso no hace que tus sensaciones mejoren, más bien al contrario, a esa irritación constante se une la sensación de no sentirte entendido y estar siendo injusto con los demás. En este post te facilitamos 9 estrategias para controlar la irritabilidad.

Cómo nuestros estados emocionales afectan en nuestro día a día

A lo descrito anteriormente tenemos que añadir la conciencia de cómo nuestros estados emocionales afectan en nuestro día a día y a todos los contextos en los que nos movemos. Las emociones se contagian, las positivas y las negativas. Por eso, cuando iniciamos la espiral de irritabilidad y respuestas agresivas y explosivas, el ambiente general se tensa, y no sólo afecta a nuestra vida personal, también al grupo de trabajo, que empieza a percibirse más crispado, con menos paciencia, se reduce el sentido del humor y la comunicación, se disparan las quejas constantes… Esa dinámica puede tener consecuencias en el trato entre compañeros, jefes y empleados e incluso en la atención que damos al cliente. Y una vez más, no se trata de qué situación concreta te ha molestado esta vez, sino del estado de tensión constante que mantengo desde hace un tiempo.

¿O no? ¿Crees que son ellos de verdad los únicos culpables de que te molesten tanto los ruidos, los retrasos, los imprevistos, cualquier contratiempo que no cumple tus expectativas…? No, no lo son. Y esto nos lleva a la frase que cierra el diálogo inicial: cuando no estamos bien nos mostramos menos pacientes, más rígidos en nuestros planes e ideas, más irascibles… tenemos el sistema de alerta encendido permanentemente. Y nuestro sistema primitivo sólo conoce tres respuestas posibles: huida, ataque o ¡hacerse el muerto!

El ataque es la respuesta que nos ocupa ahora. Como acabamos de decir, si en épocas de estrés o malestar tenemos la alerta encendida, es posible que respondamos atacando ante cualquier situación que nos contraríe. Ser consciente de que esto me está pasando es el primer paso. Pero después de este, hay que seguir dando otros.

9 estrategias para controlar la irritabilidad

 1. Piensa antes de contestar

El primer mandamiento del manejo de la rabia es: nunca contestes en caliente. En ese momento somos todo emoción, somos más vehementes y podemos estar magnificando mucho las cosas. Párate, espera unos minutos… ¡el mundo no se va a acabar ahora! Seguro que lo que tengas que decir puedes decirlo un poco más tarde. Además, con esto también evitarás tener que pedir disculpas o sentirte mal después por lo que dijiste o cómo lo dijiste.

 2. ¡Haz ejercicio físico!

Hacer ejercicio físico te ayudará a descargar parte de la tensión acumulada y bajar tus niveles de activación. Si estoy más relajado, afrontaré con más calma las dificultades. 

3. Observa tu cuerpo

Aprende a leer las señales de tu cuerpo. Aunque creas que tu respuesta es impredecible, no lo es. Es sólo que aún no has aprendido a detectar tus señales, ésas que te avisan de que te estás tensando, que algo no te está gustando: te notas más impaciente, has dejado de escuchar a quien te habla, tus músculos están tensos… Cuando empieces a notarlo, haz caso al punto 1: PÁRATE.

4. La diversidad nos enriquece

Recuerda que no hay una única forma de hacer las cosas, que no todo el mundo ve las cosas igual que tú, que existen distintos puntos de vista y que eso no tiene por qué ser tan malo. De hecho, nos enriquece y nos enseña. 

5. Asume la realidad

La vida está llena de imprevistos… asúmelos. Empieza el día dando por hecho que habrá cosas que no saldrán como planeaste y enfréntalo como parte de la realidad. Eso ayudará a no hacer un drama cuando suceda.

6. Acepta lo que no puedes cambiar

En muchas ocasiones lo que más nos frustra e irrita es precisamente lo que no depende de nosotros, lo que escapa a nuestro control. No vamos a cambiar la realidad que nos rodea a base de enfados e irritaciones. Ocúpate de lo que puedes modificar, aquello que entra dentro de tus posibilidades.

7. Valora las cosas positivas de cada día.

Siempre hay puntos positivos a valorar. Sólo es cuestión de saber buscarlos, de valorar esos pequeños detalles a los que hemos dejado de prestar atención porque sólo miramos lo negativo, lo que no nos gusta. Para las quejas.

8. Di lo que tengas que decir, cuando seas capaz de decirlo con calma

Si callamos demasiado, al final puede llegar el momento en que lo digamos de la peor manera posible, reprochando todo lo acumulado anteriormente. 

9. ¡Desconecta!

Crea un momento de desconexión cada día. La información constante, el ruido, las tareas sin pausa, etc. aumentan la tensión que desencadena la explosión. Una larga ducha, mirar por la ventana sintiendo la brisa en la cara, una habitación con luz tenue en la que simplemente podamos concentrarnos en nuestra respiración… no necesitas mucho tiempo, sólo el propósito de empezar a cuidarte

Trabajar para manejar la irritabilidad es una inversión en tu bienestar, en el de los que te rodean y, por tanto, también en la calidad de tus relaciones. En Repsi podemos ayudarte a que inicies ese viaje hacia tu bienestar emocional. Y recuerda:

Puedes recorrer el camino corriendo, pero llegarás demasiado pronto y habiéndote perdido el paisaje

 

 

 

Directora del centro
Psicóloga Colegiada: AN-05353

  • Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria.
  • Master en Terapia de Conducta UNED. Tutora de prácticas de dicho Master.
  • Certificado EUROPSY Especialista en Psicoterapia.

Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en Estrés, Trastorno Obsesivo-Compulsivo, Trastornos de Personalidad (especialmente TLP), Síndrome de Asperger y Trastornos Adaptativos.
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