La pregunta «tengo ansiedad, ¿me estoy volviendo loco/a?» suele ser muy recurrenteme en consulta y va asociada a una lista de síntomas que la persona que la formula suele padecer, como:  

  • Dificultades para dormir
  • Baja atención y concentración
  • Taquicardias 
  • Sudoración excesiva
  • Visión borrosa
  • Sensación de irrealidad y despersonalización

Sería natural que hasta este punto cualquier lector/a pueda reconocer algunos de estos síntomas e incluso los hayas padecido alguna vez, otros quizás no lo vean tan claro, sobre todo cuando hablamos de la sensación de irrealidad y despersonalización. Estos últimos síntomas son muy frecuentes cuando la ansiedad sobrepasa determinados niveles, justamente son los que llevan a la persona a preguntarse si padece algún problema de salud mental grave. 

Definir de forma precisa ambos síntomas resulta complicado. Quienes describen la sensación de irrealidad coinciden en que las cosas parecen «extrañas» y las sienten como si formaran parte de un «sueño» o una «película». Lo mismo les ocurre a las personas que presentan la despersonalización como síntoma, con la excepción de que en esta ocasión se refiere a la extrañeza del yo, consigo mismo. Algunos señalan sentirse “separado de su propio cuerpo”, “como si estuviera apartado de su propia mente”. 

Conociendo un poco más sobre esta sintomatología no resulta difícil entender por qué quien lo padece llega a sentir que está “perdiendo la cabeza”. Son sensaciones muy angustiosas que además suelen generar miedo hacia la propia sintomatología y sus consecuencias. Sin embargo, que sintamos algo de una manera no quiere decir que en realidad sea así. 

¿Cómo interpretar los síntomas de ansiedad? 

Es importante saber que estas sensaciones no son peligrosas, son propias de la ansiedad y se presentan con alta frecuencia durante las crisis de pánico o ansiedad. Es imprescindible tener en cuenta esta información para que los síntomas de ansiedad no se disparen a niveles difíciles de manejar y así poder modificar los pensamientos catastrofistas que alimentan el miedo e intensifican los síntomas. 

Pensamiento y emoción van de la mano y el cuerpo es el espejo sobre el que se refleja el resultado de esta ecuación. Puedes comprobarlo por ti mismo. Cierra los ojos y concéntrate en alguna experiencia que te resulte estresante, si observas durante un tiempo tu cuerpo, podrás comprobar que han surgido algunos cambios en él, es posible que la respiración se encuentre algo más acelerada, que te cueste llevar a cabo una inspiración completa, o que se te haya formado un pequeño nudo en el pecho. En cambio sí centras tu atención en una escena agradable, como pudiera ser un paisaje que te guste, podrás apreciar que las sensaciones que le hace llegar tu cuerpo son más relajadas e incluso podrás aprovechar para destensar algunas zonas que aún estuvieran contraídas. 

He ahí la fuerza de los pensamientos sobre nuestras emociones, nuestro comportamiento y las respuestas de nuestro organismo. 

Siguiendo con esta explicación, se puede encontrar en nuestras propias respuestas fisiológicas la causa de la sensación de desrealización, pues es fácil que cuando percibimos algo como estresante o peligroso comencemos a respirar rápido, disminuyendo así la cantidad de oxígeno en algunas zonas del cerebro, lo que suele provocar cierto mareo. Además, como buenos animales evolucionados que somos, nuestra visión periférica aumenta al dilatarse las pupilas, al igual que nuestra atención a los posibles peligros.  

Llegados a este punto pregúntate si es normal que la persona pueda sentirse “en otra realidad” mientras en tu cuerpo están sucediendo todos estos procesos, o mejor dicho, pregúntate si sentir todo esto significa “estar volviéndome loco”. 

El problema no radica en presentar más o menos síntomas de ansiedad, ya que forman parte de nuestro día a día y todos los sentimos con menor o mayor intensidad, el problema es creer que son dañinos para nosotros. Si la mente así lo ordena, nuestro cuerpo reaccionará ante cualquier peligro sea real o no. 

Y es que, como dice la científica Candace Pert:
“La mente no domina al cuerpo, sino que se convierte en cuerpo. Cuerpo y mente son una sola cosa.”

 ¿Qué hacer cuando tienes un ataque de ansiedad?

Algunas pautas que te pueden ayudar cuando sufres un ataque de ansiedad son las siguientes:

  1. Acepta las sensaciones como una reacción natural del cuerpo, cuanto más las rechaces más intensas se volverán, ya que estaremos más tensos.
  2. No alimentes las sensaciones con pensamientos negativos y catastrofistas, con peligros que nos existen.
  3. Piensa que no van a hacernos daño aunque sean sensaciones que puedan resultar desagradables, es sólo ansiedad, igual que entra se va, hay que darle tiempo.
  4. Continúa con nuestra actividad normal pues no hacerlo sería tratarnos como si estuviéramos enfermos y, como ya sabemos, no lo estamos.

Mi consejo, para aprender a manejar la ansiedad, es que no te creas nada de lo que has leído en los últimos cuatro puntos. Atrévete, ponlos a prueba y comprueba si te ayudan al cambio. 

Piense que “si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre obtendrás lo que siempre has tenido”
(Steven Hayes).

 

 

 

Psicóloga Colegiada: AN-06619

  • Licenciada en Psicología, especialidad sanitaria
  • Master en Terapia de Conducta UNED
  • Experto universitario en Atención a Cuidadores de Personas Dependientes
  • Psicóloga Asociación Corazón y Vida

Perfil:

  • Psicoterapia Cognitivo-Conductual.
  • Especialista en Autoprotección emocional, Psicología de la Salud, Atención al cuidador y Duelo.
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Pide Cita: 911 59 49 39